Te fuiste con un beso susurrado entre jugueteos con tu lengua detrás de la oreja y un “tardaremos mucho en vernos”.
Nunca dices donde vas, pero sé que te vas lejos, muy lejos, y no ignoras que “te sigo la pista”, cuando contactamos vía internet , pregunto ¿Qué hora es?, y tú me la dices, me dejas miguitas de pan (como pulgarcito) para que sepa por donde andas (mas o menos, claro!).
Sin embargo, nunca sentí una lejanía tan cercana, sin teléfono, sólo alguna esporádica conexión coincidente y casual por internet, debió de ser aquella despedida, aunque no tuvo nada de bonita ni especial, yo me sentía violenta e incómoda, ¿Dónde está la gracia?, algo ocurrió aquella tarde que me ha hecho no dejar de pensar en ti.
Y nuestras conexiones, también han estado cargadas de hormonas, sexo y deseo, yo pensaba que sólo eran para mí, pero, descubrí que no, que a ti te ocurría lo mismo. Me excitaba verte por la cam, tan lejos y ahí, dispuesto para mi. Me humedecía sólo con ver cómo te ibas quitando la ropa, cómo me mirabas mientras,... Tan lejos y tan cerca, ese guiño que hacías por la cam, ese “nos veremos muy pronto”, ese beso que te dabas en la mano para luego pegarlo al ojo de la cámara…. Con todas esas cosas he dormido estos meses, cositas tuyas.
Todo eso me ha hecho sentirme feliz, ansiando tu regreso, el día que entres por la puerta y con esa medio sonrisa, sí, esa cara que pones para fingirte tipo duro, pero que no puedes evitar que se te desborden las comisuras de los labios con una sonrisa de felicidad porque ¡ya estás aquí!!.
Supongo que estás como yo de nervioso, excitado –seguramente-, sin saber como hacer ni actuar. A mí también me ocurre algo así, parezco una colegiala, pero no estoy dispuesta a que se me note, -ya sabes de mi chulería, ni que fuese madrileña ¿no?-, una copita de vino y a correr!!.
Me llamas, pasas a recogerme sobre las 7 -¿Muy temprano, no?; sí, pero es que tengo que contarte muchas cosas….uyuyuyyyyy el “tonito” de “muchas cosas”…me ha ruborizado y todo, cachis!, hasta se me ha acelerado el corazón… y otras cosasss.
Esta noche hemos quedado para cenar, has reservado en un restaurante muy íntimo y parece que me quieres sorprender, yo por supuesto, me pienso dejar.
Que me pongo, que me pongo!!!, tanto tiempo esperando este momento y ahora… no sé que trapo colocarme… ya está!, ese vestido ajustadito que tanto le gusta, aunque… para ir a cenar no me parece correcto… ¡Y que mas dá, si me pongo la que me ponga, para salir me tendré que cambiar!.
Si, ese vestido está bien, para recibirlo, y es muy práctico, sólo se precisa tirar de un lacito en la cintura.
Suena el telefonillo, el corazón se me acelera, y de un tris… siento húmeda la entrepierna, todo en uno, pero ¿el corazón está en la entrepierna??, que misterios tiene la vida!!. Es él, le abro, no tarda nada en tocar a la puerta, yo le estoy esperando tras la mirilla. Está cambiado, o será que hace tiempo que no le veo, galante como siempre, dulce también. Era de esperar su botellita de vino (yo ya me tomé un par de copitas antes para “relajarme”), aunque eso no se lo pienso decir.
Me recibe con un beso húmedo en el cuello, uf! Ya estamos y aún no hemos empezado…Me recibe con el mismo susurro con el que se despidió, y yo me siento morir, pero YA!.
Entramos al salón, pero al cerrar la puerta, me abraza desde atrás por la cintura, en una mano sigue llevando la botella, y mientras nos dirigimos al salón me va diciendo cosas que no entiendo, porque no tengo yo las neuronas en su sitio, ¡Se me fueron al sur!, pero me gusta oirlo, sentir su calor en mi piel.
Entramos al salón, deja la botella en una mesita bar y me coge de las muñecas, me mira con distancia, estirándome y me dice lo guapa que me ve, las ganas que tenía de verme y todo eso que se suele decir. Yo no sé como actuar, estoy un poco bloqueada, pero reacciono yendo a por unas copas, mientras él intenta abrir la botellita de vino.
Hablamos un rato de cómo le ha ido fuera, como me ha ido a mí en este tiempo, aunque nunca entramos en detalles de trabajo, es una norma que nos impusimos desde un principio y ambos respetamos.
Nos sentamos, yo en el sofá, esperando que él lo hiciera junto a mí, pero no, lo hizo frente a mí, sentado en el borde de la mesita de té. Se sienta en posición de escucha activa, es decir echado hacia adelante, apoyando los codos en los muslos y sujetando con ambas manos su copa. Al adoptar esta postura, me dice que me acerque, yo estoy en el sofá, sentada y con la espalda apoyada en el respaldo, por un momento siento el impulso de hacerle caso, y al acercarme me roba un beso medio volando, rozándome los labios….
Yo no me lo pienso, le digo que eso no se hace así, me acerco a él, dejo la copa en la mesita, detrás suyo, y quedo frente a él de rodillas, a lo que él responde echando su cabeza sobre la mía y enredándo nuestras lenguas en un beso lleno de deseo y pasión. Me coge por las axilas y hace el gesto de ayudarme a levantarme, yo ya … como lo diría, si antes era un angelito, el paso de levantarme revela a un demonio en toda regla, rojo de deseo, y todo lo demás, estoy ardiendo y él, bueno, sus ojos lujuriosos empiezan a conectar con los mios.
Si, me levanto pero, para sentarme en el sofá, a él no le permito que se mueva de su posición en la mesa, aunque la retiro un poquito más. Me siento, le pido mi copa y apoyo los pies a ambos lados de él, en la mesa, con las piernas abiertas, él queda en medio. El vestido se empieza a abrir por la abertura, en esa posición, va cayendo a los lados, yo lo dejo, y me aflojo el cinto que lo sujeta, se acerca, pero no le dejo, con un pie lo freno, me mojo el dedo en la copa de vino y me lo paso por el ombligo, poco a poco voy dejando ver hasta el monte de venus, con un pequeño bigotito que invita a jugar. No le dejo hacerlo, ahora me toca a mí, disfruto acariciándome frente a él, mojo los dedos en el vino, me los paso por los labios, los succiono con la lengua, y le voy diciendo lo rico que está.
Del ombligo, voy bajando hasta mi montecito, jugueteo con el bello que tengo ahí, le provoco, me acerco a mi sexo y le cuento lo caliente que está, las ganas que tiene de sentir su calor, ummm me acaricio el clítoris,….él aún no se ha acercado porque le tengo limitado con mi pié freno su acercamiento, aunque su cara y su entrepierna abultada ya me dice que…empiezo a perder fuerza, bebe un trago de su copa, la deja en la mesa y se echa sobre mí mete su lengua en mi boca y, con ella el trago de vino que tomó, es un beso de deseo, de pasión, en el que me hace sentir lo que está deseando hacer: penetrarme y dejar todo su jugo dentro de mí. Mientras nos besamos lleva su mano derecha hacia mi sexo, con la otra separa el resto del vestido para llegar al pecho, estoy muy, muy mojada, me mete dos dedos ummm gimo de placer, él se acelera, va al clítoris y sus movimientos son desesperados, le separo , aunque no es lo que deseo, me gusta tanto sentirle en mi piel, dentro, que gustazo!!, pero le separo, quiero sentir el tacto de su verga que la siento latir inquieta por salir, por sentir mi piel, mi mano, yo deseo acariciarla, humedecerla, comerla….
Nunca dices donde vas, pero sé que te vas lejos, muy lejos, y no ignoras que “te sigo la pista”, cuando contactamos vía internet , pregunto ¿Qué hora es?, y tú me la dices, me dejas miguitas de pan (como pulgarcito) para que sepa por donde andas (mas o menos, claro!).
Sin embargo, nunca sentí una lejanía tan cercana, sin teléfono, sólo alguna esporádica conexión coincidente y casual por internet, debió de ser aquella despedida, aunque no tuvo nada de bonita ni especial, yo me sentía violenta e incómoda, ¿Dónde está la gracia?, algo ocurrió aquella tarde que me ha hecho no dejar de pensar en ti.
Y nuestras conexiones, también han estado cargadas de hormonas, sexo y deseo, yo pensaba que sólo eran para mí, pero, descubrí que no, que a ti te ocurría lo mismo. Me excitaba verte por la cam, tan lejos y ahí, dispuesto para mi. Me humedecía sólo con ver cómo te ibas quitando la ropa, cómo me mirabas mientras,... Tan lejos y tan cerca, ese guiño que hacías por la cam, ese “nos veremos muy pronto”, ese beso que te dabas en la mano para luego pegarlo al ojo de la cámara…. Con todas esas cosas he dormido estos meses, cositas tuyas.
Todo eso me ha hecho sentirme feliz, ansiando tu regreso, el día que entres por la puerta y con esa medio sonrisa, sí, esa cara que pones para fingirte tipo duro, pero que no puedes evitar que se te desborden las comisuras de los labios con una sonrisa de felicidad porque ¡ya estás aquí!!.
Supongo que estás como yo de nervioso, excitado –seguramente-, sin saber como hacer ni actuar. A mí también me ocurre algo así, parezco una colegiala, pero no estoy dispuesta a que se me note, -ya sabes de mi chulería, ni que fuese madrileña ¿no?-, una copita de vino y a correr!!.
Me llamas, pasas a recogerme sobre las 7 -¿Muy temprano, no?; sí, pero es que tengo que contarte muchas cosas….uyuyuyyyyy el “tonito” de “muchas cosas”…me ha ruborizado y todo, cachis!, hasta se me ha acelerado el corazón… y otras cosasss.
Esta noche hemos quedado para cenar, has reservado en un restaurante muy íntimo y parece que me quieres sorprender, yo por supuesto, me pienso dejar.
Que me pongo, que me pongo!!!, tanto tiempo esperando este momento y ahora… no sé que trapo colocarme… ya está!, ese vestido ajustadito que tanto le gusta, aunque… para ir a cenar no me parece correcto… ¡Y que mas dá, si me pongo la que me ponga, para salir me tendré que cambiar!.
Si, ese vestido está bien, para recibirlo, y es muy práctico, sólo se precisa tirar de un lacito en la cintura.
Suena el telefonillo, el corazón se me acelera, y de un tris… siento húmeda la entrepierna, todo en uno, pero ¿el corazón está en la entrepierna??, que misterios tiene la vida!!. Es él, le abro, no tarda nada en tocar a la puerta, yo le estoy esperando tras la mirilla. Está cambiado, o será que hace tiempo que no le veo, galante como siempre, dulce también. Era de esperar su botellita de vino (yo ya me tomé un par de copitas antes para “relajarme”), aunque eso no se lo pienso decir.
Me recibe con un beso húmedo en el cuello, uf! Ya estamos y aún no hemos empezado…Me recibe con el mismo susurro con el que se despidió, y yo me siento morir, pero YA!.
Entramos al salón, pero al cerrar la puerta, me abraza desde atrás por la cintura, en una mano sigue llevando la botella, y mientras nos dirigimos al salón me va diciendo cosas que no entiendo, porque no tengo yo las neuronas en su sitio, ¡Se me fueron al sur!, pero me gusta oirlo, sentir su calor en mi piel.
Entramos al salón, deja la botella en una mesita bar y me coge de las muñecas, me mira con distancia, estirándome y me dice lo guapa que me ve, las ganas que tenía de verme y todo eso que se suele decir. Yo no sé como actuar, estoy un poco bloqueada, pero reacciono yendo a por unas copas, mientras él intenta abrir la botellita de vino.
Hablamos un rato de cómo le ha ido fuera, como me ha ido a mí en este tiempo, aunque nunca entramos en detalles de trabajo, es una norma que nos impusimos desde un principio y ambos respetamos.
Nos sentamos, yo en el sofá, esperando que él lo hiciera junto a mí, pero no, lo hizo frente a mí, sentado en el borde de la mesita de té. Se sienta en posición de escucha activa, es decir echado hacia adelante, apoyando los codos en los muslos y sujetando con ambas manos su copa. Al adoptar esta postura, me dice que me acerque, yo estoy en el sofá, sentada y con la espalda apoyada en el respaldo, por un momento siento el impulso de hacerle caso, y al acercarme me roba un beso medio volando, rozándome los labios….
Yo no me lo pienso, le digo que eso no se hace así, me acerco a él, dejo la copa en la mesita, detrás suyo, y quedo frente a él de rodillas, a lo que él responde echando su cabeza sobre la mía y enredándo nuestras lenguas en un beso lleno de deseo y pasión. Me coge por las axilas y hace el gesto de ayudarme a levantarme, yo ya … como lo diría, si antes era un angelito, el paso de levantarme revela a un demonio en toda regla, rojo de deseo, y todo lo demás, estoy ardiendo y él, bueno, sus ojos lujuriosos empiezan a conectar con los mios.
Si, me levanto pero, para sentarme en el sofá, a él no le permito que se mueva de su posición en la mesa, aunque la retiro un poquito más. Me siento, le pido mi copa y apoyo los pies a ambos lados de él, en la mesa, con las piernas abiertas, él queda en medio. El vestido se empieza a abrir por la abertura, en esa posición, va cayendo a los lados, yo lo dejo, y me aflojo el cinto que lo sujeta, se acerca, pero no le dejo, con un pie lo freno, me mojo el dedo en la copa de vino y me lo paso por el ombligo, poco a poco voy dejando ver hasta el monte de venus, con un pequeño bigotito que invita a jugar. No le dejo hacerlo, ahora me toca a mí, disfruto acariciándome frente a él, mojo los dedos en el vino, me los paso por los labios, los succiono con la lengua, y le voy diciendo lo rico que está.
Del ombligo, voy bajando hasta mi montecito, jugueteo con el bello que tengo ahí, le provoco, me acerco a mi sexo y le cuento lo caliente que está, las ganas que tiene de sentir su calor, ummm me acaricio el clítoris,….él aún no se ha acercado porque le tengo limitado con mi pié freno su acercamiento, aunque su cara y su entrepierna abultada ya me dice que…empiezo a perder fuerza, bebe un trago de su copa, la deja en la mesa y se echa sobre mí mete su lengua en mi boca y, con ella el trago de vino que tomó, es un beso de deseo, de pasión, en el que me hace sentir lo que está deseando hacer: penetrarme y dejar todo su jugo dentro de mí. Mientras nos besamos lleva su mano derecha hacia mi sexo, con la otra separa el resto del vestido para llegar al pecho, estoy muy, muy mojada, me mete dos dedos ummm gimo de placer, él se acelera, va al clítoris y sus movimientos son desesperados, le separo , aunque no es lo que deseo, me gusta tanto sentirle en mi piel, dentro, que gustazo!!, pero le separo, quiero sentir el tacto de su verga que la siento latir inquieta por salir, por sentir mi piel, mi mano, yo deseo acariciarla, humedecerla, comerla….












